Entrevista

Milena Medina, psicóloga

“Los inmigrantes tienen mucha necesidad de aprender y dialogar sobre sexualidad”

 

Milena Medina Pinilla es psicóloga y terapeuta familiar de formación. Tiene 28 años y trabaja en la actualidad como psicóloga del Centro de Apoyo Familiar de la Comunidad de Madrid (CAF) y como educadora social con jóvenes inmigrantes en Ciudad Joven, una asociación con amplia experiencia en la intervención social. Allí imparte talleres sobre sexualidad, igualdad de género y prevención de la violencia, entre otros temas. Además, consigue reservar parte de su tiempo a colaborar con la asociación Save a Girl Save a Generation y ha formado parte en la organización y desarrollo de los talleres sobre Salud y Bienestar Sexual organizados por Save a Girl Save a Generation y que reunió durante cuatro semanas a una decena de inmigrantes de origen somalí.

Como psicóloga, ¿cuáles han sido las principales dificultades al tratar temas sexuales entre la población inmigrante?

Existen varias dificultades. Para empezar, la principal dificultad es que el tema de la sexualidad supone un tabú en los países de origen de la población inmigrante como Somalia o países árabes. Romper esa primera barrera que supone empezar a hablar de sexualidad es complicado y lleva su tiempo. Es necesario que el grupo se vaya conociendo, coja confianza y se encuentren a gusto unos con otros para romper esa barrera. Sin embargo una vez se han dado esos requisitos la población inmigrante –más en concreto la población somalí, mayoría en los talleres de Save a Girl Save a Generation– se tornan más receptivos, participan y hablan de sexualidad de forma natural. Hemos de tener en cuenta que si la sexualidad es un tema tabú, más aún lo es en grupos mixtos, de mujeres y hombres, lo que en ocasiones supone un handicap más para que estas personas superen esa barrera que acabo de mencionar.

Otras dificultades son las creencias que tienen sobre diversos aspectos de la sexualidad. Una gran parte de esa población inmigrante procede de zonas rurales donde la información sobre sexualidad proviene exclusivamente del saber popular. Lo que da lugar a mitos fuertemente arraigados en su sociedad; mitos que por otra parte dificultan y perjudican la salud sexual de las mujeres y los hombres, mitos que en ocasiones son fáciles de desmontar y en otras ocasiones no tanto.

Gracias al taller de Promoción y Bienestar de la Salud sexual organizado por Save a Girl Save a Generation, pude darme cuenta de que una de las principales dificultades era el hecho de que las mujeres de origen inmigrante y también los hombres tienen en cuenta un aspecto muy reducido de lo que es la sexualidad. De hecho, cuando les preguntábamos qué significaba para ellos ‘sexualidad’, todos remitían al acto sexual o coito. No tomaban en cuenta los otros muchos significados que la sexualidad tiene, no se percibían a sí mismos como seres sexuados, no consideraban sus necesidades sexuales. Las mujeres no valoraban ni concedían importancia al placer dentro de las relaciones. No consideraban a la sexualidad como una forma de comunicarse y demostrarse afecto y cariño entre personas. Esta manera de ver la sexualidad estaba fuertemente arraigada en las mujeres y los hombre inmigrantes, y quizá modificar en parte esa visión sea una de las mayores dificultades con las que nos enfrentamos, pero también sin duda uno de los mayores retos que nos hemos de proponer los profesionales en pro de lograr que estas personas vivan una salud integral que reconozca todas sus necesidades y derechos.

Después de conocer a mujeres y hombres de otras culturas y hablar con ellos sobre sexo una vez que adquieren confianza, ¿crees que somos tan diferentes en Occidente respecto al tema o en el fondo somos más parecidos de lo que creemos?

Creo que en algunas cosas somos diferentes y en otras somos muy parecidos. Para la población española la sexualidad también ha sido un tabú hasta hace muy poquito. Sin embargo, a día de hoy en muchos sectores de la sociedad se puede hablar de sexualidad de una manera natural. En los colegios e institutos se imparten charlas sobre sexualidad, existen programas formativos para profesores y padres sobre cómo hablarle a nuestros hijos sobre sexualidad, los centros de planificación familiar cuentan con expertos que orientan y asesoran a la población joven sobre sexualidad… Esto no quiere decir que la sexualidad que viven los jóvenes españoles sea la más sana y respete su ritmo y sus necesidades. En esto somos diferentes e iguales: diferentes en lo que se refiere a cómo se aborda el tema de la sexualidad en sociedad e iguales en el sentido que aún con toda la información y formación que tenemos nos es difícil respetar nuestros propios ritmos, identificar nuestras necesidades y responder a ellas y vivir una sexualidad plena libre de prejuicios.

Somos diferentes en lo referente a qué sabemos sobre sexualidad. La sociedad occidental, como acabo de decir, está mucho más informada y formada que la población inmigrante, especialmente la africana. Sin embargo somos iguales en lo que sentimos, en las preocupaciones y en el miedo a sentirnos juzgados. Un ejemplo de ello es la pérdida de la virginidad. Y hablo de mujeres porque soy mujer: tanto para las mujeres de origen inmigrante como para las mujeres españolas la primera vez, lejos de ser un cuento de hadas como muchas películas de Hollywood muestran, es una fuente de preocupación, de miedo, de insatisfacción, de sentimientos de culpabilidad y de vergüenza.

Podría resumirlo diciendo que somos diferentes en la forma (la población occidental aparenta saber todo sobre sexualidad, vivir una sexualidad plena y estar satisfecha con ello) pero no en el fondo (los miedos, las preocupaciones y las insatisfacciones son muy similares en muchas ocasiones). Bajo mi punto de vista, esto viene porque tanto la sociedad occidental como la oriental viven una sexualidad regida por el patriarcado, por la sumisión de la mujer y la búsqueda del placer del hombre. No en la misma medida en la sociedad occidental y oriental, pero sí en la base de ambas.

Ha habido cuatro jornadas de los talleres de Salud y Bienestar Sexual dirigidos a la población inmigrante. Como parte activa de la iniciativa, ¿cuáles son tus conclusiones?

He de destacar que todo lo que acabo de exponer ha sido concluido después de tener el placer de participar. Concluyo también que algo que sí nos diferencia es el sistema de valores culturales y religiosos. Lo que para ellos significa el matrimonio, los roles de género, las relaciones maritales, la maternidad y paternidad o el placer.

Cuando trabajamos con personas de origen inmigrante hemos de tener en cuenta estas diferencias para saber encontrar el equilibrio entre identificar y respetar las necesidades y derechos que como seres humanos y seres sexuados tienen y el respeto a sus valores culturales y religiosos. Tarea complicada pero posible.

Y sobre todo concluyo que la población inmigrante tiene mucha necesidad de aprender, hablar, compartir y dialogar sobre experiencias relacionadas con la sexualidad, y cuando digo población inmigrante me refiero tanto a hombres como a mujeres. Creo que si se hace un buen trabajo, si se les legitima y respeta, si se les tiene en cuenta se mostrarán muy receptivos e interesados en adquirir conocimientos que les permita vivir una sexualidad y unas relaciones más sanar y positivas.

2018-07-10T23:04:22+00:00 10 octubre, 2012|entrevista, taller|

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